Martín Elías y Juancho de la Espriella nos muestran su peor cara

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Tras separación, Juancho de la Espriella amenazó con demandar a Martín Elías

  • Detrás de toda esta historia me queda claro la inexperiencia de Martín Elías en estas lides. El joven está siendo mal asesorado. Por lo que veo tiene un equipo de trabajo nefasto, que improvisa, que habla de forma atropellada, que no mira el futuro del cantante, sino por el contrario, lo ven como una mina de oro que hay que exprimir al máximo.

Por Víctor Sánchez Rincones

Tener a un acordeonero como Juancho de la Espriella en las filas de una agrupación vallenata no es fiable. Confiar en él, menos. Y más tras las declaraciones que dio a La FM donde revelaba secretos de un compañero de trabajo, que aunque sean ciertos, tiene que quedar en la intimidad de la banda, y no airearlos públicamente como un amante celoso que sólo busca hundir la dignidad y el trabajo -vuelvo y repito: no importa si es verdad – de un artista con el que has compartido tres años de viajes y experiencias.

Juancho de la Espriella, y lo digo con conocimiento de causa, siempre ha ido de “estrellita”. Siempre como acordeonero, y creo que es el único, se compara al cantante, hasta el punto que cuando cierra un compromiso contractual con algún compañero de fórmula, exige buenos hoteles, desplazamientos aéreos en primera clase y prebendas económicas para calmar su ego. Esto no lo veo mal, al contrario, admiro su esfuerzo para que el acordeonista se le dignifique su trabajo. Lo que veo mal es que sus exigencias estén por encima del bien general de la agrupación.

Volviendo al tema de Venezuela -el detonante de la ruptura-, este episodio ya no tiene importancia. De si las visas, de si llegaron o no a tiempo, de si le incumplieron. En fin, cada uno da una versión de los hechos que al final sólo ellos saben (Martín y Juancho), quien dice la verdad. Ante la opinión pública ha quedado claro que ambos músicos han utilizado las redes sociales para atacarse como verduleras de pueblo y han olvidado que son figuras públicas que son seguidas por millones de personas que admiran su arte, pero que ahora con su deplorable actuación dejan poco que desear.

Y más en el caso de Juancho de la Espriella, quien declaró a través de una emisora con poder de audiencia en Colombia, que Martín Elías era un desordenado y que iba tras los pasos de su padre en el tema del alcohol. Y no sólo eso: dejó en el aire que era un mujeriego. A Juancho se le olvidó que Martín Elías hace poco se casó, y a esa boda él fue invitado con su señora. Esas palabras arrastran una losa de mucho peso que no aportan nada y que por el contrario buscan destruir la imagen de una persona que aunque yo no conozco de nada merece respeto y consideración.

Juancho creo que fallaste, te dejaste llevar por la soberbia. Olvidaste que detrás de esa imagen que transmites hay un ser humano que no debe ir por el mundo destruyendo personas. ¿Qué pensarías tú si alguien revelara intimidades tuyas o de tu familia? Seguro no sería de tu agrado y menos si te tocan a un ser querido. Considero que debes pedir disculpas públicamente y reconocer que cometiste un grave error al hablar de esa forma de un “amigo” con el que seguramente volverás a cruzarte en el camino.

Tu falta de lealtad ha dejado presente que no eres de fiar, que cualquier cantante que se arrime a ti, debe tener miedo a que mañana lo traiciones con comentarios destructivos. Es vergonzoso que el mundo del vallenato no tenga un código de honor donde prevalezca el respeto y el valor que merece un arte como la música de acordeón, el cual nos representa, pero que a mí en particular, me decepciona. Y más cuando veo la bajeza a la que se puede llegar por la rabia y la ira.

Para esos están los abogados, y si no quieren intermediarios, lo mejor es el diálogo directo, y no la excusa barata de que es mejor anunciar una separación vía Twitter. En esta parte me refiero a Martín Elías, quien utilizó esta red social para decirle a Juancho de la Espriella que lo sacaba del grupo porque ya se había cansado de sus desaires. Martín debió acometer esta decisión directamente, hablando con él, y no esconderse como un cobarde detrás de un medio público que es una vitrina para los comentarios destructivos y malintencionados.

Detrás de toda esta historia me queda claro la inexperiencia de Martín Elías en estas lides. El joven está siendo mal asesorado. Por lo que veo tiene un equipo de trabajo nefasto, que improvisa, que habla de forma atropellada, que no mira el futuro del cantante, sino por el contrario, lo ven como una mina de oro que hay que exprimir al máximo.

Es triste que él no tenga la valentía de reconocer que también ha fallado, que su falta de experiencia, por más que sea el hijo de Diomedes Díaz, lo puede llevar a cometer los mismos errores de su padre. ¿Cuáles? Rodearse de personas inescrupulosas que sólo buscaron el bien personal y dejaron aún lado a ese que les dio de comer.

El vallenato es un género que está captando la atención de muchas personas a nivel internacional, y este tipo de actos bochornosos, lo que hacen es enlodar el trabajo de otras personas que vienen luchando con esfuerzo en la dignificación de este arte. Carlos Vives, Jorge Celedón y Silvestre Dangond, hoy por hoy, están abanderando esta tarea, pero artistas como Martín Elías, con este tipo de peleas públicas, lo que hacen es perder el tren de la victoria. Espero que Juancho de la Espriella y Martín Elías recapaciten. Ambos fallaron, uno más que otro, pero ambos cometieron el error gravísimo de airear los problemas internos de una “familia” en público. Y el resultado: un resquebrajamiento de su imagen, y lo que es peor aún, quedó evidenciado que tras unos grandes músicos también se esconde un mundo de mentiras y traiciones. ¿Quién gana? ¿Quién pierde? El tiempo nos dirá la verdad.

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