Luz Consuelo Martínez, la mujer de Diomedes Díaz: “Nunca estaré con otro hombre”

0
1012

Diomedes Diaz Luz Consuelo Martinez www.elpoderdetumusica.com

 Por Víctor Sánchez Rincones

Muchas mujeres tuvo el Cacique, pero pocas lograron soportarlo. Diomedes fue un ser difícil de llevar; sus cambios de personalidad eran constantes, y si a eso le añadías que no dormía, y que toda la noche una botella de whisky era su refugio, pocas lograban aceptar esta vida al lado del más grande de la música vallenata. Si hubo alguien que nunca le dio la espalda a pesar de saber que el cantante no era una mansa paloma fue Luz Consuelo Martínez, la mujer que durante años se convirtió en su enfermera, su psicóloga, su amante, la madre de sus últimos tres hijos reconocidos, su confidente y su paño de lágrimas.

Luz Consuelo Martínez, la bogotana, como Diomedes le decía, siempre fue su amante, hasta en la época de la muerte de Doris Adriana Niño. Para nadie es un secreto que ella también fue a la cárcel por ese hecho que cambió la vida del cantante, ya que esa noche también estuvo en ese apartamento donde ocurrieron situaciones que los protagonistas prefieren olvidar hasta el día de hoy.
Después de tantos sinsabores y de aguantar por muchos años un amor en silencio el destino hizo que Diomedes se uniera a esa mujer de piel clara, pelo negro y una actitud de sacrificio a prueba de todo comentario mal intencionado.
Si Consuelo estuvo ahí presente, al lado de Diomedes, aguantando todo lo inimaginable era porque en su mundo sólo reinaba ese ser humano que hoy ella recuerda más que nunca a través de esta entrevista dolorosa, realizada a las pocas semanas de morir el amor de su vida.
V: ¿Consuelo cómo estás?
C: Ahí mijo; en la lucha. Acá sufriendo, llorando, desesperada.
V: Hay que seguir adelante, tienes 3 hijos y por ellos no puedes rendirte.
C: Eso es verdad, Víctor, pero las cosas no son fáciles.
V: Consuelo, ¿el Cacique antes de morir te dejó todo atado? ¿Para que nunca tuvieras problemas ni económicos ni de ningún tipo?
C: No dejó nada arreglado. Decía que él no daba herencia en vida ni nada.
V: ¿Y cómo piensas seguir adelante? ¿Qué piensas hacer?
C: Bueno, estoy a la espera de que salgan las cosas y obviamente luchar y trabajar, pa’ adelante, a mí Diomedes me enseñó a trabajar y entonces voy a salir adelante por mis hijos.
V:  ¿Qué te dice el mayor a ti, Consuelo?, el Cadete Díaz. ¿Te apoya? ¿Te anima?
C: Es increíble cómo ha madurado, desde pequeñito le han tocado los problemas más grandes. Me da mucho ánimo y ahoritica quiere estudiar con lo que su papá le dejó en mente que es ser piloto. Entonces quiere darle eso honrando su memoria y ser un gran profesional y un gran piloto.
V: Cuando este tipo de cosas suceden uno ahí se da cuenta quiénes son los amigos. ¿Los amigos de Diomedes están pendientes de ti, te han llamado?
C: Sí  y muy agradecida con sus amigos y empresarios. Han estado muy pendientes de las niñas, de Cadete, yo les agradezco enormemente, imagínate, ha sido un apoyo que de verdad yo no esperaba en estos momentos. Es un aliciente muy grande.
V: De los hijos de Diomedes quiénes te han brindado su apoyo ¿Todos?
C: Sí claro, están todos, pero usted sabe también que cada uno tiene su vida ya hecha. Es muy duro, por más que a una le den apoyo moral. Víctor, esto es durísimo. Usted sabe que yo vivía las 24 horas del día con Diomedes, entonces, yo creo que usted se alcanzó a dar cuenta el amor que yo le tenía a Diomedes, y ahora que no lo tengo me siento derrotada. El haber sido su esposa y honrarle su memoria es muy gratificante para mí.
V: Cuando ustedes vinieron a España tenían la intención de casarse…
C: Sí, nos casábamos el 26 de diciembre. Mi vestido ya estaba comprado, el vestido de él ya estaba mandado a hacer. La luna de miel la íbamos a pasar en Cartagena y en un yate por el Caribe. Usted sabe que a él le gustaba mucho eso. Y nos casábamos el 26 de diciembre y la recepción iba a ser en el Club de Valledupar, entonces es duro porque nunca pensamos una cosa de estas así (llora). Nuestros proyectos eran de vida, de felicidad.
V: Todos los periodistas teníamos la mala costumbre de preguntarle a Diomedes por la muerte…
C: Usted sabe que él hablaba, pero lo hacía en forma jocosa. Diomedes no quería morirse. Para todos fue una sorpresa, más para mí. Y las personas que alcanzaron a conocer a Diomedes como persona, son pocas, uno de esos es usted, Víctor. Usted fue una de las personas que nos acompañó en muchas giras en un país tan lejano y supo y se dio cuenta cómo era él en persona. Entonces si se dio cuenta del afecto y de los cuidados que yo le tenía. Yo nunca hubiera creído que algo así pasara, precisamente cuando yo lo cuidaba tanto.
V: Lo cuidabas, lo mimabas, lo consentías, vivías entregada a él las 24 horas del día…
C: Las 24 horas del día y mi vida eran en torno a él, en torno a él, Víctor, esto es muy difícil, muy difícil vivir sin él.
V: ¿Qué sientes cuando escuchas a Diomedes?, cuando te subes en un autobús, vas en coche, vas en taxi…
C: Un martillo en mi corazón, porque me hace falta el hombre, y un orgullo porque está el hombre más grande también cantando ahí, porque es un hombre que nos dejó su legado, no solo de cantar, no solo de su música, sino como persona, de ayudar a la gente necesitada, de ayudar a la gente, de dar un abrazo, de ser un amigo. Ese legado también nos lo ha dejado Diomedes, entonces son como sentimientos encontrados. Lloro si voy en el carro o si voy en el avión.
V: Consuelo, cuando el sepelio ¿sí recibiste solidaridad de la gente? y la pregunta que me viene ahora a la mente es si en el Festival Vallenato contaron contigo para el tema de los homenajes. ¿Te llamaron?
C: No me llamaron, pues igual usted sabe que él ha dejado un legado con sus hijos, entonces yo en ese aspecto no me meto. En cuanto a otra cosa como, por ejemplo, la novela pues sí me han tenido en cuenta. Es más la parte humana, la que yo conocía de Diomedes, lo conté en varias entrevistas, pero también me gusta que participen sus hijos, usted sabe que yo también los quiero mucho a ellos.
V: Consuelo, yo tengo entendido que para hacer la novela a Diomedes le grabaron, ¿esas entrevistas al final van a salir?
C: RCN tiene los derechos de todas estas cosas y usted más que nadie sabe cómo es esto ¿no? Entonces yo me imagino que si ellos desean hacer un detrás de cámaras, lo podrían hacer. Y no, no lo hacen.
V: ¿Pero el Cacique concedió muchas horas de entrevistas?
C: Fueron 15 entrevistas porque obviamente la novela  fue con el consentimiento de Diomedes.
V: ¿Qué te deja Diomedes en tu vida Consuelo?
C: Uff (vuelve el llanto incontrolable).
Haber conocido al hombre más grande, al hombre más hermoso del mundo. Me dejó esperanza, me dejó sabiduría, me dejó mucha experiencia en la vida, me enseñó a conocer la vida, a comprenderla, como una vez le dije a usted: aunque haya un problema hay que tener serenidad, pero usted sabe que desafortunadamente nunca me preparó para un momento de estos, entonces hasta ahoritica es que estoy cayendo en la realidad de que sí se murió Diomedes, y me deja un corazón dolorido, pero también un corazón lleno de satisfacción, de saber que le di alegría, que le di emoción y que le di un hogar muy lindo, y él lo mismo a mí.
V: ¿No te molesta que te vivan comparando con otras mujeres que también compartieron con Diomedes?
C: A ver Víctor, yo a Diomedes lo acepté con su pasado, entonces para cualquier persona son feas las comparaciones ¿no? Pero no puedo coger el sol con las manos y apagar y decir “no, es que no hubo más mujeres”.
Lo único que sé, y lo digo con orgullo, es que fui la única mujer que le dio la felicidad completa y que Diomedes a quien le dio la felicidad y le dio un hogar, también fue a mí.
Esa es la satisfacción que me llevo. A sus señoras, sus ex mujeres, yo les tengo un respeto. Usted sabe que yo nunca viví muy pendiente de eso, viví más pendiente de Diomedes, de hacerlo feliz y hacerlo saber que él contaba con una mujer, con una esposa, con una amiga.
V: ¿Cuál fue la experiencia más bonita con Diomedes? Yo recuerdo cuando te entregó el anillo en París. ¿Cómo viviste ese momento, Consuelo?
C: Esa experiencia fue linda, estaba  temblando de la emoción porque usted sabe que nosotros veníamos de Ámsterdam. Entonces yo lo veía a él muy cansado. Fue un viaje muy pesado y recuerdo que él me dijo: “Mami yo me voy para la Torre a entregarte el anillo”. Eso es el sueño de cualquier mujer en el mundo, que el hombre que una ama te entregue el anillo en un lugar hermoso.
Esa es una demostración de amor muy linda que hizo únicamente conmigo, entonces no me afectan las comparaciones. Otras mujeres también lo quisieron y vivieron su momento con él. Pero conmigo Diomedes fue único. Y eso no solo lo digo yo, sino el mundo entero. Él a todo el mundo me mostró como su mujer, su esposa, su señora. Y eso a mí me llegó al alma.
V: Tú me dijiste que viste el documental ‘El Inmortal’ hace poco. ¿Qué sentías cuando veías esas imágenes nuevamente?
C: Lloré muchísimo, sobre todo cuando él me mandó ese saludo. Yo no sé en qué momento él mandó ese saludo, sobre todo ese saludo. No sé en qué momento  hizo eso usted. Desafortunadamente, lo vi después de él haberse muerto, y si no imagínese, lo hubiera comido a besos en el momento en que lo hubiera visto. No lo habíamos visto por ocupaciones. Usted sabe que en los últimos 2 años Diomedes estaba muy afectado por salud, su accidente, luego su cirugía de columna y después la enfermedad de su mamá. Los últimos 2 años estuvimos más pendientes de su salud, de sus giras y de su gente.
Pero se me estremeció el alma, el cuerpo, la piel se me erizó, de ver esas imágenes tan lindas, de verdad Víctor, muchas gracias. Lo felicito por un documental tan sano, tan bonito, como le digo, no tenía nada de maldad, todo fue mostrar al ser humano, no al loco, sino al hombre, el que también llora, el que también sufre, el que también se pone de mal genio, el que también le da la tristeza.
V: Diomedes fue un padre, Diomedes fue un amigo, la gente que lo conoció sabe cómo era Diomedes. Quizás después de muerto la gente habla las cosas bonitas ¿no? Y las cosas negativas también a veces las sacan a relucir. Pero eran más las cosas buenas que las malas, es decir, yo sinceramente, apartando el personaje del ser humano uno se lleva muchas sorpresas; es increíble lo que era Diomedes Díaz como ser humano.
C: Eso me alegra que usted lo diga Víctor, porque eso es lo que yo he hecho toda mi vida, tratar de decirle eso mismo a la gente, es la sorpresa de ver al hombre tan lindo que había detrás del gran artista que era Diomedes; y que no se dejó llevar por su fama, por su plata, nada de eso. Diomedes daba gracias de tener las cosas y de darlas también, Diomedes era muy desprendido de las cosas.
V: ¿Diomedes daba hasta lo que no tenía?
C: Daba hasta lo que no tenía, a usted le consta, Víctor. Muchas veces me pasó a mí. Yo le obsequiaba unas gafas de cumpleaños por ejemplo y él llegaba al aeropuerto y se las regalaba al vigilante.
V: Recuerdo al dueño de una discoteca en Zaragoza al que le regaló una camisa…
C: Una camisa que había costado más de 5 ó 6 millones de pesos. Fíjese que le iba a regalar el rosario también.
V: Sí, tú lo frenaste y dijiste el rosario no, el rosario no.
C:  Porque ese rosario se lo regaló la comadre de él, Teodora Daza para un cumpleaños, entonces tenía algo sentimental, porque él era muy desprendido de sus cosas y él quería compartir lo de él con todo el mundo.
Él quería que todo el mundo tuviera un pedacito de Diomedes, siempre decía: “No todo el mundo que tiene puede dar, hay gente que tiene y quisiera repartir pero no puede hacer eso, yo doy para repartir y compartir el pan ya que Dios me dio bastante. Yo lo comparto”.
V: ¿Recuerdas alguna frase que te dijo que nunca se te va a olvidar?
C: Muchas, la que le acabo de decir, “Dios me dio la satisfacción de entregarle bastante a mi público”. Los dichos que él tenía como de que Diomedes no hay otro, eso nunca nacería, y eso es verdad, como Diomedes no hay otro, ni va a nacer.
V: Consuelo ¿te esperabas un sepelio tan multitudinario?
C: Sí. Nunca yo le puse cuidado en ese momento cuando Diomedes decía: “A mi entierro va a ir mucha gente”, porque yo le decía “los dos vamos a morir viejitos papi, los dos vamos a morir ahí buscando el bastón, yo para dártelo a ti y tú para dármelo a mí  (sonríe) y vamos a morir de viejitos”. Pero sí, dado el momento yo me esperé una despedida así porque se iba el más grande, y tanto así que la gente lo tiene todavía en los corazones y como que no es una despedida, sino un viaje. No enterramos a Diomedes, lo despedimos para un viaje, todavía tenemos Diomedes para rato, porque como él nos decía en muchas ocasiones, “Diomedes nos deja más de 3000 años de vida y de experiencias”.
V:  ¿Qué sientes cuando lo visitas al cementerio y ves a tanta gente en la tumba del Cacique?
C: Siento alegría. Él quería que su tumba fuera una especie de romería, donde vendieran dulces, pastelito, donde vendieran esto o aquello. Entonces siento que su sueño en vida se le está haciendo realidad. Y también siento el desconsuelo de verlo ahí, ahí enterrado, una persona tan grande, por Dios. Entonces también me he llenado de fortaleza y sabiduría y he querido entender que ahí está el cuerpo, pero su alma está próxima en reencarnar porque es una persona que no puede quedarse ahí, ni puede quedarse volando ahí, tiene que reencarnar en algo muy lindo, muy especial para que él siga dejando todo ese mensaje que él dejó en vida a toda la gente.
V: La ropa del Cacique, las cosas de él, los zapatos, las joyas ¿qué piensas hacer con eso, Consuelo?
C: Tengo la ropa porque joyas no tenía. Usted sabe que a él casi no le gustaba eso, entonces la ropa va a ser sagrada para mí. La petición que él me hizo en vida fue que Teodora Daza, su comadre, y la esposa de José Zequeda le hiciera su museo. Quiero hacer caso en todo lo que él me dijo en vida. Por decir algo: la moda de la última carátula la tiene ella. Él siempre me decía: “Mami, dale la camisa de esta carátula a Teo porque ella me va a hacer el museo”. Tiene cosas muy bonitas que a la gente le gustaría conocer de Diomedes.
V: ¿Y dónde sería? ¿En Valledupar?
C: Él siempre quiso hacerlo en El Quiosco del Cacique, acuérdese que él siempre hablaba del Quiosco del Cacique. Pienso que Teodora Daza va a agrandar el quiosco y lo va a hacer para rendirle un homenaje.
Todo el mundo quiere conocer las cosas más bonitas que tuvo Diomedes, su alegría y su historia ¿cierto? Desde pequeñito. Y sería más bonito que Teodora, ella misma, lo atendiera y guiara a la gente diciéndole esta camisa la tuvo en tal premio, en tal presentación, todo. En lo que yo le pueda colaborar lo haré.
V: ¿Cómo conociste al Cacique?
C: Lo conocí en Bogotá.
V: ¿Cuántos años tenías?
C: 22 años llevo con él.
V: Eras muy joven, eras una niña.
C: Era una niña. Y siempre dándole a conocer al mundo que Diomedes no era esa persona que todo el mundo hablaba, que era de mal genio, que no cumplía las cosas. No. Conmigo las cumplió toditas. Entonces es bonito, es bonito lo de Diomedes Díaz y Consuelo Martínez. Es muy linda esa historia.
V: ¿Diomedes en la cárcel y en el hospital conoció a sus verdaderos amigos?
C: Él nunca fue renegando de sus amistades. Las amistades siempre le ayudaron muchísimo a él, su familia, sus hijos, Rafael Santos, Diomedes de Jesús, Luis Ángel, Martín Elías, siempre estuvieron muy pendiente de Diomedes. Fue algo muy lindo en su vida, sus amigos, su familia.
V: ¿Tú crees que podrás rehacer tu vida con otro hombre?
C: No, no, no, para mí no hay otro hombre. Y ahora honro más su memoria, si en vida lo amé, lo respeté y lo quise, ahora le honro su memoria amándolo y respetándolo. Él está en el cielo y yo en la tierra pero seguimos los dos juntos. Diomedes me llenó tanto, tanto,  que si en vida no había nadie más, menos ahora.
Ha sido tanta la satisfacción de haber tenido a un hombre tan lindo que ahoritica me lleno con su recuerdo. Eso solo lo hace Diomedes Díaz.
V: ¿Qué tienes de él en la casa? He visto imágenes del viaje a París…
C: Víctor, nuestro apartamento está forrado con todas las fotos que usted nos ha mandado, con todo nuestro viaje a París, a España, porque fue algo muy emotivo en la vida de nosotros, a usted le consta. Tengo fotos de la Torre, de él entregándome el anillo, en la nieve, viajando en tren, aguantándonos el frío de Madrid. Tengo empapelado el apartamento con fotos por todas partes. Diomedes está en el sitio más pequeñito hasta en el más grande del apartamento.
Sus zapatos, su ropa, están en un gabinete súper especial para que nunca se le dañaran, para que nunca se le arrugara su ropa. Sus abrigos están en un sitio muy exclusivo, sus camisas transparentes están también en un sitio muy exclusivo.  Sus jeans, sus botas, todo, todo, todo, tiene un sitio muy especial y muy hecho para él.
V: ¿Algo de esa ropa se la vas a regalar al Cadete Díaz? ¿Él te lo ha pedido?
C: En el cuarto de Freddy José hay muchas fotos, pero también en estos días me ha dicho: “Las cosas de mi papá siempre tienen que estar acá. Muy bonito y gracias por haberme hecho el altar de mi papá en el cuarto, pero las cosas de mi papá tienen que seguir en su puesto”.
V: ¿Qué tienes de él que lleves en tu cuerpo?
C: El anillo que me dio en París. No me lo quito para nada. Ahora es mi amuleto, ahí lo tengo. Tengo parte de Diomedes porque usted sabe lo que hizo Diomedes para entregarme este anillo, entonces lo llevo conmigo para siempre. Y aunque no nos alcanzamos a casar, para mí si nos casamos. Lo llevo para demostrarle al mundo que honro a Diomedes, que lo respeto y que sigue siendo el amor de mi vida y mi único amor.
V: Gracias por tu tiempo, Consuelo.
C: Víctor, quiero agradecerte infinitamente lo que hiciste por nosotros en Europa. Porque eso era lo que él pedía en vida, en vida, no muerto, sino en vida, que le dieran un abrazo, que le dijeran: “Cacique, aquí estamos contigo”, que le diéramos un aplauso, que le dijéramos en tarima: “Vamos Cacique, vamos que usted va a cantar bien hoy, esta noche va a ser suya”, eso era lo que él pedía en vida. Y uno de esos es usted Víctor, por este homenaje tan lindo y por un documental tan bonito y transparente como el que hizo. Gracias a personas como usted Diomedes nunca morirá”.

DEJA UN COMENTARIO

No hay comentarios

Dejar respuesta