Gian Marco nos dejó con un mal sabor de boca en Madrid

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Por Fernando Lumbreras

Pocas veces he asistido a una serie de despropósitos tan manifiestos como los vividos ayer en el concierto de Gian Marco en el madrileño palacio de Vistalegre. Sinceramente, fue tan desagradable la experiencia que la música del artista peruano pasó a un segundo plano porque, como siempre, para rematar, la acústica del lugar dejó mucho que desear.

La cosa comienza con la citación para los medios de comunicación. Las formas no fueron para nada las mejores. este servidor se enteró de que debíamos estar a las 16:30 en el acceso sur del recinto de casualidad y gracias a una foto compartida en un muro de Facebook de alguien que ni estaba acreditado ni fue. Es decir, que después de hacer promo durante dos meses, la organización no se dignó a enviar un correo electrónico confirmando nada ni citándonos a una hora concreta en un lugar. Eso ya me pareció de muy mala educación.

Peor fue que, citados a las 16:30, tuviésemos que esperar una hora de pie en la calle hasta las 17:30 porque primero tuvieron preferencia de paso una serie de fans que quisieron hacerse fotos con su ídolo. Todo muy bonito, pero es que la prensa estaba trabajando y, además, un día festivo. Habría sido deseado un poquito más de cortesía y de educación, en vez de hacer aguantar frío en la calle a gente que prefirió trabajar que disfrutar de la familia en un día festivo, insisto.

Luego de entrar a la prueba de sonido nos dispusieron casi a 50 metros del escenario, detrás de unas vallas metálicas, resultando tremendamente dificultoso el poder trabajar. De hecho, tal vez hubo quien pensó que no estábamos trabajando y que habíamos venido a escuchar la prueba. Allí hubo carreras, apretones de gente que puso en riesgo nuestro propio equipo de trabajo… Y, de buenas a primeras, nos hicieron salir del coso para tener desde las 6 y media hasta las 9 de la noche abandonados a nuestra suerte, aguantando los malos modales del personal de seguridad del palacio de Vistalegre y la absoluta falta de información de la organización del festival, quien no se dignó ni siquiera a ofrecernos ni disculpas ni una botella de agua.

A las 9 de la noche se produjo otro de los gestos que puso de manifiesto que aquel evento ya se había ido de las manos: Luego de 4 horas y media de espera, con todo lo relatado, una persona de la organización, hablando en palabras dadas por el señor Gian Marco, sólo quiso que los fotógrafos pudieran trabajar una sola canción. Tal decisión fue un claro menosprecio a los profesionales que estábamos allí queriendo informar y llevar a nuestro público las mejores imágenes.

Una vez acabó la canción de margen que nos dieron, nos dispusieron en un reservados siempre escoltados por personal de seguridad pero he aquí que se produjo después una variación en las condiciones, apareció alguien de organización para decir que podíamos movernos por todo el recinto destinado al público y tomar fotos sin flash. Podrían haber avisado con antelación para haber traído teleobjetivos u óptica apropiada.

Y luego es que la acústica de ese sitio es deplorable. Yo no sé quién fue el avispado que piensa que allí pueden celebrarse conciertos. Mal sonido para buenas canciones y una lástima que no se pudiese informar mejor pero, sencillamente, no nos lo permitieron. Un poquito de asertividad por parte del personal de seguridad y del equipo de producción habría sido tan recomendable como deseada.

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